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“Dios como suegro”

Vino casi como una advertencia y, francamente, necesitaba una en ese momento. Era un esposo joven y, durante un intenso tiempo de oración, sentí que Dios me decía directamente que Carolina no era solo mi esposa, sino que también era Su hija y la debía de tratar como tal.

 

Fue un momento de revelación para mí, y la fuerza de esta visión creció cuando tuve a mis hijos. Si quiere ver mi lado bueno, solo sea bueno con mis hijos.

 

A la inversa, si realmente me quiere ver enojado, métase con mis hijos. Maltrátelos. Mi presión sanguínea aumentará incluso al escuchar su nombre porque prefiero que se meta conmigo a que se meta con alguno de mis hijos.

 

Así que cuando me di cuenta de que estaba casado con una hija de Dios —y de que ustedes, mujeres, estaban casadas con los hijos de Dios— la manera en que veía el matrimonio cambió. Dios siente por mi esposa —Su hija— de una manera más sagrada y apasionada de la que yo siento por mis propias hijas. De repente, mi matrimonio ya no era acerca de mí y otra persona; era una relación con un tercero interesado apasionadamente. Me di cuenta de que una de las principales maneras de adorar por el resto de mi vida sería honrando a Dios cuidando a la mujer que siempre sería, en Su mente divina, “Su pequeña niña”.

 

A menudo escuchamos a pastores reflexionar sobre la paternidad de Dios, una doctrina maravillosa y verdadera. Pero, si quiere cambiar su matrimonio, extienda esta analogía y pase un tiempo meditando acerca de Dios como Suegro. Porque cuando uno se casa con un creyente, ¡Él lo es!

 

* ¿Ha pensado en su pareja como hijo o hija de Dios? ¿Cómo cambia esto su relación (tanto acciones como actitudes) con él o ella?

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