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Tu vara y tu callado me infundirán aliento.

El teólogo Richard Foster, escribió en su influyente libro, Alabanza a la disciplina, que: <<La disciplina espiritual tiene el propósito de hacernos bien>>, la disciplina que viene de Dios es un regalo. Es corrección amorosa. Nace de un deseo y un anhelo de restauración y sanidad, y no de un intento de retribución, vergüenza y castigo.

En la analogía bíblica, la vara y el callado son el instrumento de disciplina y corrección que utiliza el pastor para instruir a la oveja. La parte larga del instrumento, la vara, es utilizada para llamarle la atención a la ovejita mediante unos golpecitos tiernos, pero firmes, para que le ponga atención al pastor.

Algunas ovejas sólo necesitan un golpecito de la vara de vez en cuando, otras dos o tres. Hay algunas que ni con diez golpes de vara o más ponen atención. Pero ellas, en realidad son la excepción y no la regla. Típicamente, una oveja sólo requiere un golpecito suave porque tienen una relación de confianza con su pastor. De hecho confían el uno en el otro.

La parte Curva del instrumento, el callado, está hecha la medida del cuello de la ovejita. Eso le sirve el pastor para colocarla alrededor del cuello de su corderito distraído y así utilizar un movimiento suave para jalarlo de nuevo al camino y a la seguridad.

De manera que la vara y el callado se utilizaban en una acción doble; llamar la atención con la parte recta de la vara (tap,tap,tap) unido al jalón suave en el cuello con la parte curva o sea el callado para regresarlo al sendero o protegerlo cuando se avecina un peligro. Sencillo y discreto. además, ejecutado con un cuidado tal que no dejen heridas ni traumas en la oveja. Se ejecuta la disciplina con discreción y prontitud.

Es una verdad Inevitable que cuando nos involucramos en las vidas de las personas, en cualquier posición de liderazgo tendremos tanto la oportunidad como la necesidad de ejercer disciplina en algún momento u otro. Por muy estelar o bien portada que sea la oveja, tarde o temprano se presentará alguna ocasión para regresarla a los principios del orden y para ese fin es que sirve la disciplina: corregir actitudes con el fín de regresar al discípulo a los principios del orden.

No sirve para que el líder o el pastor imponga sus ideas, decisiones o propósitos sobre la vida de las oveja, sino para enseñarlas, modelarlas y dirigirlas hacia el buen caminar en la vida. La disciplina sirve como una escuela en la que podemos asistir a la oveja en el conocimiento de cómo tomar las mejores decisiones. En ese sentido la disciplina viene a ser una delicada pero efectiva herramienta en manos el pastor para agregar valor a la vida de la oveja.

La palabra disciplina tiene en su origen, la misma raíz que la palabra discípulo. Es decir, una oportunidad para disciplinar deberá ser también una oportunidad para discipular o enseñar. Si la oveja no aprendió algo a través de la acción disciplinaria, entonces dicha acción no cumplió con el fín correcto. Una disciplina ejecutadas en un resultado discipulador (didáctico/enseñanza), es un actor despótico y enajenador. Esa clase disciplina hace que la oveja se sienta marginada, echada a un lado y desprotegida. Sin embargo, una acción disciplinaria ejecutada con un buen corazón y espíritu puede lograr resultados maravillosos en ella, asegurando el aprendizaje de elecciones que jamás olvidarás a lo largo de su vida. Ojalá que los pastores tuviesen más cuidado a la hora de ejercer la disciplina sobre la preciosa oveja que Dios ha puesto bajo su cuidado. Sin duda, tendremos que rendir cuentas por la manera en la que las disciplinamos.

Lo que más llama la atención de este versículo es que enseña que la acción disciplinaria del buen pastor produce aliento. Es decir, lejos de exasperar o provocar angustia en la oveja, la disciplina, correctamente aplicada, por un resultado alentador en la oveja, la anima e impulsa a ser mejor. Se emplea la palabra aliento en esta ocasión por el simple hecho de que la disciplina correcta le da un nuevo oxígeno, nueva esperanza y nuevos ánimos al discípulo. Visto estrictamente desde este parámetro, cualquier disciplina que no produzca aliento en el disciplinado no es ni correcta ni bíblica.

Fuente: Marcos Witt

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